Revive Musical N° 6-8

Una tarde en Babilonia

Evoca la valentía de quienes rechazaron la idolatría y permanecieron leales, afirmando que Dios se manifiesta con poder cuando sus hijos sostienen su fe con convicción inquebrantable.

Duración

02:40

Tonalidad

No Aplica

Dificultad Vocal

Formato Vocal

Poesía Coral

Créditos Musicales

Conoce a los talentosos artistas y profesionales detrás de esta hermosa canción

Intérprete(s)

Colegio Gilberto Velázquez Norte

Compositor

Joel Márquez

Arreglos Musicales

No Aplica

Instrumentos

Piano: Ismir Muñoz

Mezcla y Masterización

Ismir Muñoz

Letra de la Canción

Una tarde en Babilonia

Verso I

Atardece en Babilonia,

la estatua yace erguida,

y les dan la bienvenida

con tremenda ceremonia.

Impaciente testimonia

el monarca del imperio,

y con el semblante serio,

pues su soberbia lo apura,

en la llanura de Dura

los llamó del cautiverio.

Verso II

Llegaron de todas partes

y el protocolo fue dado,

el rey les había ordenado

frente a musicales artes:

«Adoren mis estandartes

propios de mi propio ego,

si no, hasta el horno de fuego

los llevarán penitentes».

Fueron los desobedientes:

Sadrac, Mesac y Abed-Nego.

Verso III

— ¡Oh, rey, para siempre vives!

(Adularon los caldeos)

— Hay tres jóvenes hebreos

que están de pie, ¿los percibes?

— Ojalá que tú los prives

de su libertad, oh rey.

— Han traicionado tu ley,

y todas tus ordenanzas...

— A ver si sus esperanzas

siguen al Dios de su grey.

Verso IV

Mas Nabucodonosor

les insistió de inmediato:

«Obedezcan mi mandato

por completo y sin error».

Al sonido atronador

hagan reverencial gesto.

Pero, distintos al resto,

dijeron: «No la adoramos,

porque no necesitamos

responderte sobre esto».

Verso V

Oyendo música rara

frente a la estatua de oro,

el enojo más sonoro

podía verse en su cara.

El rey molesto declara

lo que había estipulado.

Ellos ya le han recalcado:

«El Dios en el cual creemos

nos da fuerza a que ignoraremos

la estatua que has levantado».

Verso VI

Nuestro Dios nos va a librar

del horno de fuego intenso...

Hubo un tremendo suspenso

que no puedo descifrar.

Se vio al horno calentar

siete veces y las voces

de los soldados feroces

se silenciaron ahí mismo.

— ¿Miro a cuatro? ¿Un espejismo?

¿Uno es hijo de los dioses?

Verso VII

Dijo el rey tan inquietante:

«Sadrac, Mesac y Abed-Nego,

salgan del horno de fuego,

les ordeno en este instante».

Fue un suceso impresionante

entre los miedos y honores.

— Y por los alrededores

de mi imperio, a viva voz:

¡Reconozco que su Dios

es el Señor de Señores!

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